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Para las y los fanáticos de la aventura y el descubrimiento, algunos puntos clave para recorrer en el país.

Argentina se caracteriza por su variedad de paisajes, culturas y actividades para realizar en los distintos puntos del país. Una de las curiosidades radica en los laberintos, aquellas creaciones que requieren del ingenio para poder salir de allí. Los cuatro más curiosos e interesantes se ubican en El Hoyo, Montecarlo, San Rafael y Los Cocos.

De por sí, los laberintos se clasifican en dos grupos: univiario (se recorre por un mismo sendero sin caminos alternativos) o multiviario (varios caminos que se pueden ir eligiendo a medida que se recorren y se topan con las opciones). Con sus distintas leyendas y mitos alrededor del mundo, trasladándose a la literatura y el cine, muchos lugares se hicieron eco de la aventura y decidieron crear auténticos desafíos para disfrutar en las visitas.

En el país, hay cuatro de ellos ubicados en distintos puntos del mapa:

– «Laberinto Patagonia» (El Hoyo, Chubut)

Doris Romera, junto a Claudio Levi, plantaron en 1996 un laberinto de cipreses de 8400 metros cuadrados en esta localidad vecina a El Bolsón. En total, estuvieron 25 días plantando los 2100 árboles que componen esta creación, la más grande de Sudamérica.

El laberinto cuenta con nueve entradas y nueve salidas, a la vez que varias encrucijadas a lo largo de su recorrido. Al encontrar la salida, los turistas también se encuentran con una bellísima casa de té, donde pueden disfrutarse exquisiteces de la zona y época, incluyendo varios productos de sus propias plantaciones.

Laberinto Patagonia (rionegro.com.ar)

– «Laberinto El Descanso» (Los Cocos, Córdoba)

Se trata de la primera creación de este estilo nacional, diseñado con arte topiario tradicional. Todo surgió luego de que el italiano Juan Barbero, en la década del ’40, decida construir un hotel con parque recreativo, sumando un laberinto. El hotel ya no funciona, pero el laberinto es un clásico de Punilla.

Ligustros y cipreses conforman la materialidad de la creación dirigida por los ingenieros agrónomos Martín Ezcurra y Raúl Neira. Antes de adentrarse en el recorrido, estatuas de mármol y fuentes al estilo grecoromano se ubican dando la bienvenida. Al finalizar el recorrido, se puede seguir disfrutando de muestras con objetos indígenas, un museo apícola, platería criolla y monturas. Fuera del complejo pero cerca de allí, se ubica un complejo de aerosillas para disfrutar de todas las formaciones desde las alturas.

«El descanso», parque recreativo y cultural (cordobaturismo.gov.ar)

– «Laberinto de Borges» (San Rafael, Mendoza)

El nombre es más que lógico, aunque esconde un secreto más: Susana Bombal, propietaria de las tierras en donde el laberinto fue construido, fue gran amiga y confidente del reconocido escritor. Tras la muerte de ambos, un amigo en común, Randoll Coate, decidió confeccionar esta creación que habían charlado junto a Bombal. Finalmente, Camilo Aldao y sus hijos, herederos de la finca Los Álamos, fueron quienes armaron el tan deseado laberinto.

Carlos Thays hijo fue quien ejecutó el proyecto, tras el diseño de Coate donado por María Kodama. El laberinto se hizo realidad tras la plantación de Buxus, incluyendo además una piedra tallada con un poema de Borges en braille. La misma se ubica al inicio del recorrido.

Distintos guiños a todas estas personalidades se encuentran durante el trayecto: las iniciales de María Kodama, el nombre de Borges, el reloj de arena, un signo de interrogación, el símbolo del infinito, todo ello pudiendo ser apreciado desde las alturas, ya que al lado del laberinto se encuentra una torre de 18 metros a la que se puede acceder también. Por supuesto, hay lugar para degustar vinos de la propia bodega al finalizar el recorrido.

«Laberinto de Borges» (laberintodeborges.com)

– «Laberinto vegetal» (Montecarlo, Misiones)

El laberinto se ubica a 180km de Posadas por la ruta que lleva a las Cataratas del Iguazú, en el Parque Jorge Vortich del pueblo fundado por inmigrantes alemanes. Allí, el productor de orquídeas Guillermo Baden diseñó esta creación que se desarrolla en 3100 metros cuadrados con caminos de tierra colorada, dos entradas y una sola salida.

El trayecto cuenta con 510 esquinas ciegas que confunden. Sin embargo, existe un puente mirados para observar el diseño desde lo alto y reorientarse en caso de necesitar ayuda.

Además del laberinto, hay un orquidiario para visitar, siendo octubre el mes ideal para visitar el lugar ya que también se realiza la Fiesta Nacional de la Orquídea y Fiesta Provincial de la Flor.

«Laberinto vegetal» (misionesonline.net)

Fuente: Rosario3